Sí quiero, pero diferente

4 agosto 2009

El aumento de las bodas civiles hace crecer las ceremonias originales
Úbeda fue el marco ideal para una boda de estilo medieval.
En un momento en el que el número de bodas civiles aumenta progresivamente, cada vez son más los contrayentes que, una vez descartados los formalismos de la ceremonia religiosa, buscan aportar originalidad a la celebración. Se trata de romper con lo habitual y dejar volar la imaginación, y para ello, nada mejor que disponer de un entorno acorde a lo que se pretende montar. En este aspecto, Úbeda es el lugar ideal para cierto tipo de ideas.
Si decides casarte en el Ayuntamiento, y más concretamente en el ubetense, ¿por qué no aprovechar su origen palaciego para organizar una boda diferente? Eso pensaron Merche Soriano y Juan Carlos Salmerón, una pareja que decidió ser original y montárselo a lo medieval, haciendo partícipes a invitados y demás implicados. Así, tanto la ceremonia como el banquete se convirtieron en una gran fiesta o, como los recién casados dicen, «en un cuento».
El día elegido, en el Palacio de las Cadenas, más que una boda parecía que se estaba desarrollando un rodaje de cine. Incluso se generó cierta expectación entre quienes paseaban por el lugar. Atendiendo a las vestimentas, por allí pululaban damas, caballeros de armas, mercaderes y otros personajes del Medievo. , hasta el concejal que dirigió la ceremonia cumplió y se vistió de noble caballero.
Aunque llegar a este punto no fue fácil, tal y como cuenta Merche. Y es que, muchos de los invitados planteaban alguna reticencia a asistir disfrazados. «Pero una vez rota la vergüenza inicial, se demostró que fue una idea acertadísima, puesto que cada uno interpretaba el papel de su vestimenta, lo cual facilitó que la gente se integrara en el ambiente», asegura.
Templarios
El resto fue coser y cantar. Los invitados fueron clasificados en 12 grupos e identificados por un escudo heráldico diseñado por los contrayentes. El novio fue custodiado por un grupo de templarios hasta el Ayuntamiento, para hacer hora hasta la llegada de la novia (en eso fue como una boda normal), que apareció en una calesa con su hija y sus dos madrinas.
En ese momento, 150 personas vestidas a la última moda medieval esperaban en torno a una alfombra roja por la que varios niños tiraban pétalos de flores al paso de la novia. Una vez en el salón de plenos, la ceremonia se llenó de espontaneidad, y reservó momentos para la emoción y las lágrimas, pero también para los aplausos y las carcajadas. Incluso algún invitado ofreció un pequeño espectáculo cómico. De esta forma, a diferencia de otras bodas, nadie abandonó el lugar ni se cruzó al bar de enfrente.
A la salida, los novios, ya marido y mujer, atravesaron unos arcos de flores que sujetaban los invitados y el cielo se llenó de pétalos y papelitos de colores. Y también los soldados cruzaron sus espadas cuando se escuchó un fuerte «¡vivan los novios!». Y el beso de los recién casados era la llave que abría la puerta de espadas. De auténtico cuento, oiga.
Menú acorde
Después de hacerse las fotos de rigor con cada grupo de invitados (esto ya podría ser un anacronismo), la comitiva se dirigió andando hacia el restaurante El Marqués, en el que se contó con la animación de varios actores de la empresa Atlante, y tanto la decoración como el servicio y el menú estuvieron acordes. Las mesas estaban cubiertas por hiedra, frutas y candelabros. Los brindis se hicieron con copas de barro e hipocrás, un vino medieval hecho para la ocasión. Y el plato fuerte, cómo no, fue un buen cochinillo cocinado al horno de leña, servido en grandes bandejas de barro.
No entraremos en detalles de la recta final. Es fácil de imaginar si se tiene en cuenta que los invitados, con la vestimenta y el hipocrás, estaban ya bastante desinhibidos. El resultado fue satisfactorio para todos, y les será difícil olvidar esta jornada. «Me acuerdo y me dan ganas de casarme otra vez», asegura Merche, a la que muchos invitados ya le han pedido que los aniversarios de la boda los celebren de la misma forma, y que los vuelvan a invitar, claro.
Úbeda es una ciudad perfecta para organizar un evento original, sobre todo si tiene que ver con su belleza e historia. Por ello, no es extraño que ya haya algunas parejas planteándose una boda medieval o renacentista. A Merche y Juan Carlos les funcionó, gracias también a que en la localidad hay posibilidades y empresas «capaces de hacer realidad este cuento».

Fuente/ideal.es/

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